La hora dorada en el río Tejo. Las luces de los cafés se encienden, reflejándose en el agua en líneas de oro. Al fondo, el Monasterio de los Jerónimos de Belém se alza sobre la ciudad. Todo es perfecto — demasiado perfecto. Pero es real. Lisboa es una ciudad de agua — el río la define, la rodea, la refleja.
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