Desde la terraza, el nopal en su maceta de barro ocupa el primer plano con una presencia tranquila y sin pretensiones. Detrás, la cúpula de la Iglesia del Santo Hermano Pedro se alza sobre los árboles del jardín. Dos siglos de historia colonial y una planta que lleva aquí desde antes que todo eso. El nopal no parece impresionado.
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