El Templo Gran Jaguar de Tikal emerge entre las ramas con una verticalidad que no tiene nada de casual — fue construido para verse desde lejos, para recordarle al mundo quién mandaba aquí. Hoy lo rodea el sonido de los monos saraguatos y el calor húmedo de El Petén. La piedra no ha cambiado. Nosotros sí.
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