La hoja de helecho cuelga en primer plano como un marco que nadie pidió, pero que la imagen necesitaba. Detrás, el volcán San Pedro se recorta en silueta contra el cielo del atardecer, con nubes rosadas que apenas se atreven a tocarlo. El lago de Atitlán a sus pies, oscuro y quieto. Hay lugares que te cambian sin avisarte.
← Regresar al Diario




