Hay ciudades que te obligan a detenerte. Praga es una de ellas. Desde la orilla del Moldava, el Castillo de Hradčany y la Catedral de San Vito se elevan sobre Malá Strana con esa serenidad que solo tienen las cosas que llevan siglos en el mismo lugar. El Puente de Carlos cruza el río en silencio. Las hojas de otoño enmarcan la escena desde la derecha, como si la imagen ya supiera que era perfecta.
Praga, el Castillo y el Puente de Carlos desde el Moldava
Praga se refleja en el río como si supiera exactamente lo hermosa que es.

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