Una casa blanca en Cascais, con una placa azulejo que dice “Beco da Vitória” — la calle de la Victoria. La naturaleza está reclamando lentamente lo que fue suyo. A veces, la belleza es lo que sucede cuando dejas que las cosas crezcan a su propio ritmo.
Cascais es un pueblo de pescadores que se convirtió en balneario, pero que aún conserva esa cualidad de lugar donde el tiempo se mueve lentamente. Las calles son estrechas, las casas son antiguas, y las plantas crecen donde quieren. No hay prisa aquí. No hay perfección forzada.


